domingo, 20 de diciembre de 2015

CUÁNDO VIENE LA COMPRENSIÓN

¿CUÁNDO VIENE LA COMPRENSIÓN?

La comprensión no viene por un esfuerzo de adquirir o de llegar a ser, sino sólo cuando la mente está inmóvil.

jeanne de salzmann


lunes, 19 de octubre de 2015

UNA MIRADA DE LO ALTO

UNA MIRADA DE LO ALTO
Por: Jeanne de salzmann

Una actitud de vigilancia, de cuestionamiento, nos lleva en la dirección de una vida más objetiva.

Es difícil aceptar la idea de tener una vida objetiva y, al mismo tiempo, una vida personal; es decir, ser subjetivo, dejarse ir hacia su vida personal.

Es todavía incluso más difícil aceptar que, en algún sentido, sea con ella que debemos pagar.

Por supuesto, soy forzosamente personal, subjetivo, con mi cuerpo, con lo que me gusta o no me gusta, con mis emociones personales.

Mi vida subjetiva estará siempre allí.

Pero debo conocerla, debo experimentarla.

Mi vida subjetiva es lo que soy; soy yo.

Al mismo tiempo, hay algo en mí que me permite ser objetivo frente a ella.

Si quiero abrirme a otra influencia, mi vida subjetiva debe ser puesta en su sitio, dándole justo lo que es objetivamente necesario.

No puedo tener una fuerza nueva sobre toda mi debilidad.

Jamás podré llegar a la tranquilidad sin sacrificar mi agitación y mis tensiones.

No puedo conocer una atención libre sin sacrificar lo que la esclaviza.

Debo pagar por todo.

Por un estado nuevo, debo sacrificarlo todo.

Uno nunca puede recibir más de aquello a lo que renuncia.

Lo que se recibe es proporcional a lo que se sacrifica.

Para una vida más objetiva, es necesario un pensamiento objetivo, esto es, una mirada de Lo Alto, una mirada libre, aquella que ve.

Sin esa mirada puesta sobre mí, y que me ve, mi vida es una vida de ciego, que va donde el impulso la Ileva sin saber bien cómo ni por qué.

Sin esa mirada puesta sobre mí, no puedo saber que existo.

Tengo el poder de elevarme por encima de mí mismo y verme libremente..., ser visto.

Tengo el poder de que mi pensamiento no esté esclavizado.

Para ello, es necesario que él se desprenda de todas las asociaciones que lo retienen cautivo, pasivo.

Es preciso que corte los hilos que lo atan a todas esas imagenes, a todas esas formas; es necesario que se libere de la atracción constante de la emoción.

Es preciso que sienta el poder que tiene de resistir a esa atracción, de verla mientras se eleva progresivamente sobre ella.

En ese movimiento, él se vuelve activo.

Se activa purificándose, y así adquiere una meta, una meta única: pensar «Yo», comprobar «quién soy», entrar en ese misterio.

Esa mirada me sitúa y a la vez me libera.
Y en mis mejores momentos de recogimiento, accedo a un estado donde me es dado conocer, sentir el beneficio de esa mirada que desciende sobre mí, que me abarca.

Me siento bajo su irradiación.

Siempre, el primer paso es el reconocimiento de lo que falta; siento       
la necesidad de un pensamiento activo.

La necesidad de un pensamiento libre vuelto hacia mí, para tomar realmente conciencia de mi existencia.

Esta es mi lucha: una lucha contra la pasividad de mi pensamiento, una lucha para salir de la ilusión del «yo».

Sin esta lucha nada más consciente podrá nacer.

Sin este esfuerzo, mi pensamiento volverá a caer en un sueño poblado de saber impreciso, de movimientos de todo tipo, de palabras, de imagenes, de sueños: el pensamiento de un hombre sin inteligencia.

Es terrible darse cuenta de golpe de que uno ha vivido sin un pensamiento propio, independiente, sin nada que vea lo que es real.

O sea, sin relación con el mundo más alto.

Comprendo que es en mi esencia que reencuentro al que ve.

Ese pensar libre e imparcial, que ve y que conoce, pertenece a lo que Gurdjieff llamaba «el Individuo».

La naturaleza nos ha dado el sentimiento y la sensación.

Pero el pensar está formado por la conciencia voluntaria.

Es la sede de la voluntad.

Mediante la separación del cuerpo, que el pensar ve como un saco vacio, viene la libertad, el desapego.

Y a través del desapego, uno se reencuentra con la sensación de eternidad.


jeanne de salzmann

LO MÁS IMPORTANTE

LO MÁS IMPORTANTE
Por: Jeanne de salzmann

Todo lo que hemos aprendido (las palabras y la memoria) crean una impresión de continuidad que es una ilusión de mi yo ordinario.

Pero en la escala de las energías dentro de nosotros mismos, ese material no se sitúa en un nivel muy elevado.

Es la atención la que da la posibilidad de ver.

En cada escalón, son la intensidad y la calidad de mi atención las que permiten pasar a un nivel mejor.

La atención es la fuerza consciente, la fuerza de la conciencia.

Es una fuerza divina.

La visión, la visión interior, es la liberación de una cierta energía que está más allá del pensamiento.

Es una conciencia total de la vida, porque ver significa abarcar una totalidad en el instante mismo.

Uno no puede ver por partes, poco a poco, en el tiempo.

Uno ve el todo.

Es un acto de percepción de lo que es verdadero sin que yo interprete lo que es visto.

Si estoy retenido por lo que sea, estoy tan condicionado que no puedo ver libremente.

Mis pensamientos son mecánicos, son una respuesta mecánica a una pregunta o a una impresión.

La respuesta puede tomar tiempo, y venir después de un intervalo más o
menos largo, pero será mecánica.

Mientras que la visión es una observación, no compara, no busca la seguridad de la palabra o del nombre.

Ya no hay contradicción.

En el estado de percepción pura ya no hay afán de logro, ningún intento por responder a la pregunta.

Simplemente vivo el hecho.

El acto de ver es un acto de liberación.

Cuando veo lo que es real, el hecho real, la percepción misma del hecho me libera.

Necesito desprenderme del valor todopoderoso que doy al saber, a mis opiniones y teorías.

El acto de ver algo como un hecho, sin la intervención del pensamiento, tiene un efecto extraordinario.

Si puedo mantenerme ante la percepción de la realidad sin reaccionar, se revela una fuente de energía que no es el pensamiento solo.

La atención se carga con esa energía muy especial que se libera en el acto de la percepción.

Pero ese estado de observación no puede llegar sino cuando existe la urgencia de comprender, de ver, y mi mente se despoja de todo para observar.

Entonces hay una nueva clase de observación que no conocemos: sin saber, sin creencia ni miedo, con una atención que se mantiene firme y que hace frente para conocer.

Una atención que no niega el hecho ni lo acepta, sino que simplemente lo ve.

Esa atención va de hecho en hecho, con la misma energía pura.

Ese acto de visión pura es un acto de transformación.

Necesitamos comprender el papel de la atención consciente.

En el juego de fuerzas, las energías son tomadas o sirven para crear una relación que produce una visión superior, una energía más libre.

Una atención consciente exige una relación entre los centros.

La dificultad es vincular los centros que no están en el mismo nivel de vibraciones.

¿Qué sería una fuerza conciliadora?

Sería una energía que contuviera el todo, que tuviera conciencia y que no pudiera hacer otra cosa más que contener.

Apenas tomara partido, dejaría de contener y sería degradada.

Escucho, interrogo, percibo las vibraciones de otra intensidad con las cuales quiero estar en sintonía para conocerlas.

Estar en sintonía requiere la aparición de una atención como tercera fuerza.

Es una vigilancia, una mirada, sin esperar nada.

Veo que para que se produzca un movimiento consciente, mi atención debe tener esa visión muy intensa.

Esa intensidad no puede aparecer si el pensamiento y el cuerpo no tienen la misma calidad.

Entonces, una fuerza nueva se revela, una fuerza que tiene una capacidad de visión mucho más intensa que antes.

Esa visión es lo más importante.

Ella mantiene la relación entre los dos centros y permite que se forme esa energía nueva.

jeanne de salzmann




domingo, 18 de octubre de 2015

UN NUEVO PENSAR

UN NUEVO PENSAR
Por: jeanne de salzmann

Nuestros pensamientos y emociones constituyen un mundo subjetivo, un mundo en el cual estamos sumergidos y que nos somete.

Aceptamos cobardemente que las corrientes de baja calidad nos dominen.

Y así seguirá siendo mientras no sintamos nostalgia por una corriente diferente.
                
Tomo mis pensamientos como si fueran yo mismo, de la misma manera que tomo mi cuerpo como si fuera yo mismo.

Estoy siempre listo a ser presa de mis pensamientos, porque jamás me separo de ellos.

Todavía no me he dado cuenta del obstáculo tan enorme que ellos constituyen para la conciencia que busco.

Debo comprender que yo no soy mis pensamientos y que no tengo por qué aceptar cualquier pensamiento que aparezca y esperar algo de él.

Debo llegar a ver que el pensamiento de «yo» no soy yo.

Todo lo que conozco a través de mis sentidos tiene un nombre.

Estoy abrumado de nombres que han llegado a ser más importantes que las cosas mismas.

Me nombro a mí mismo «yo» y, al nombrarme, creo que me conozco.

Ese pensamiento me mantiene en la ignorancia.

Si aprendo a separarme de los nombres, de los pensamientos, poco a poco llegaré a conocer la naturaleza de la mente ordinaria y a levantar el velo que ella ha puesto sobre el yo.

Así veré mejor la esclavitud del pensar y la posibilidad de ser liberado de ese tirano.

Al mismo tiempo, mi mente no debe rechazar la palabra, porque rechazarla genera miedo, no enfrentar un hecho genera miedo.

Mi mente necesita mirarse a sí misma y no estar tomada por las palabras.

Esto exige una extraordinaria precisión del pensar, una atención que no se desvíe.

Cuando las palabras han desaparecido, ¿qué es lo que queda?

Se llega a la puerta de la percepción.

La mente comprende que ella está sola.

Entonces se aproxima al sentido, a la importancia de la palabra.

Verá si la palabra crea el sentimiento.

La mente verá el hecho, la realidad de la palabra, y así será libre de toda influencia.

Necesito ver que mi pensamiento casi nunca está dirigido a conocerme a mí mismo tal como soy en este instante... y de nuevo en este instante.

Es difícil para el pensamiento permanecer sobre eso que es, porque se funda siempre sobre la memoria y visualiza constantemente la posibilidad de llegar a ser.

¿Cómo resistir al deseo de llegar a ser para querer simplemente lo que es?

Es difícil mantener el pensamiento delante de lo desconocido, porque eso significa abandonar la creencia en todo lo que él sabe, y hasta la huella del momento precedente.

Para permanecer delante de lo desconocido, mi mente debe quedarse profundamente silenciosa.

Es un silencio que no se obtiene por supresión ni por sacrificio.

No busco hacer silencio.

Ese silencio viene cuando el pensamiento ve que por sí mismo no puede entrar en contacto con aquello que no puede medir, aquello que es más alto que él.

Entonces la mente ya no busca más, ya no trata de llegar a ser.

Necesito ver que nunca hay ninguna inmovilidad, y que todo ese pensamiento de lo conocido me impide tener la experiencia de la realidad.

Es en ese momento que la inmovilidad y el silencio cobran sentido para mí.

Hay la posibilidad de un pensar tranquilo.

No busco ya lo conocido, la seguridad, el llegar a ser.

Me siento más libre, más abierto.

Instante tras instante, el pensar se vuelve más libre y hay una comprensión de la verdad en cada momento.

Es la única manera de conocerlo.

Un pensar verdadero no tiene conclusión.

Comienza siempre de nuevo.

jeanne de salzmann




¿CÓMO ES QUE YO ESCUCHO?

CÓMO ES QUE YO ESCUCHO
Por: Jeanne de salzmann

Trato de comprender un estado que me permitiría estar suficientemente tranquilo para tomar conciencia de la realidad de la vida, sin expectativas, sin desear nada, sin creer nada y sin miedo.

Para ello, necesito estar sentado en la posición correcta, ni demasiado alto ni demasiado bajo, sintiendo que este es mi lugar, aquí y en mi cuerpo.

Estoy tranquilo ante la tranquilidad misma.

Me observo.

Observo mi estado y lo que él me permite.

Observo al mismo tiempo todas mis partes.

Veo que ellas no son iguales, que cada una está ocupada de diferente manera.

El cuerpo está pasivo, pesado, dormido.

Siento su peso.

La cabeza puede estar agitada, o soñar y sugerirme ideas, imagenes.

Siento su tensión y siento hasta en qué parte de la cabeza estoy tenso; mi sentimiento está indiferente.

Pero en su manera de mirar hay algo que se pregunta: ¿soy yo mismo esto que yo soy?

Y veo que no puedo responder.

Tal como soy, no lo sabría.

No soy libre. Escucho. ¿Cómo es que yo escucho?

Mi pensamiento se detiene un momento para ver mejor y mi atención liberada ilumina mi cuerpo.

Bajo esa mirada, mi cuerpo se despierta, se hace sensible, muy sensible.

Se establece un contacto entre el cuerpo y ese pensamiento.

Y si el pensamiento conserva la amplitud de su visión y el cuerpo el calor de su sensibilidad, esto despierta otra parte de mí cuya carencia empezaba a sentir.

Su intensidad despierta el sentimiento.

Él está tocado y siento que se establece una corriente en mí que forma como un circuito cerrado.

Estoy atento a mí, al hecho de que yo estoy aquí, y entonces tengo la sensación de una presencia, de una energía que llena este cuerpo.

Pero es el sentimiento que tengo por esa existencia, por esa Presencia, lo que permite durar a la conciencia de esta vida.

Es inestable, frágil, pero recibo la ayuda por la necesidad profunda que hay en mí.

Aprendo que es una sensibilidad que lo toca todo en mí.

Nunca estoy tan sensible, ni siento tanto, ni estoy tan tocado.

Cuando mi pensamiento, mi sensación y mi sentimiento se vuelven hacia la misma meta, con la misma intensidad, hay un cambio de estado de conciencia que me transforma.

Es un estado que no puede ser destruido fácilmente desde afuera, sino sólo por mi debilidad interior, mi pasividad dominante lo destruye en un parpadeo.

Necesito repetir mil veces la experiencia de esa posibilidad y, al mismo tiempo, de esa fragilidad, para que aparezca en mí un querer.

Para que yo sepa qué es lo que quiero, lo que quiero profundamente, lo que es la necesidad de mí ser.

jeanne de salzmann





MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DE MIS PERCEPCIONES HABITUALES

MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES
DE MIS PERCEPCIONES HABITUALES
Por: jeanne de salzmann

Creo saber lo que es la unidad.

Si lo supiera verdaderamente habría en mí un deseo absolutamente irresistible de vivir mi vida en ese estado.

Ya no podría aceptar sentirme desmembrado y ver esas partes aisladas que agobian mi Presencia con hechos que me alejan de la conciencia de mi realidad.

ESTADO DE UNIDAD Y ESTADO DE DISPERSIÓN………

No obstante, empiezo a interesarme por la diferencia de lo que soy en un estado de unidad en comparación con un estado de dispersión.

Me intereso sobre todo en esa energía que constituye el vinculo vibratorio entre los centros y que, cuando está allí, trae consigo una fuerte aceleración del trabajo de las funciones.

Esa energía se revela al mismo tiempo como un espacio vacío en el cual puede aparecer una fuerza nueva.

Hay en mí una energía, una vida siempre en movimiento pero que no se proyecta hacia afuera.

Para sentirla son necesarios una cierta tranquilidad, un cierto silencio.

Sólo en el vacío otra realidad puede aparecer en mí.

Hay también en mí una energía proyectada por mis funciones en reacciones inagotables ante las impresiones que provienen de afuera y de adentro.

No tengo la calidad de atención necesaria para hacer frente a todas las impresiones y reacciones.

Pero quedo impactado cuando veo la rapidez con la que reacciono, antes incluso de saberlo.

¿Es posible recibir las impresiones sin reaccionar tan rápido y dejar que la impresión me penetre y actúe sobre mí?

Para ello, necesitaré de una percepción pura, de una percepción de lo que está ahí sin que las reacciones vengan a mezclarse en ello.

En mi estado habitual, mi atención se limita a notar lo que es.

El momento es muy corto, demasiado corto como para permitirme captar la naturaleza de algo tal cual es.

Sin embargo, ese es el momento del conocimiento.

Nosotros no estamos interesados en esa percepción imparcial de las cosas «tal como son», las juzgamos o las tratamos desde el punto de vista de nuestro interés personal.

No tenemos percepción sin imponerle al mismo tiempo una etiqueta que falsea su visión.

Luego, esas etiquetas determinan nuestras acciones y reacciones.

Necesito sobrepasar los límites de mis percepciones habituales.

Tengo necesidad de una nueva percepción, de una atención como de un sexto sentido que tenga la fuerza de registrar las impresiones sin la mente asociativa.

Sería una atención fluida, amplia, total, sin tensión, que contendría todo sin excluir nada.

Esa clase de atencion es muy difícil de encontrar en mí mismo porque no experimento su necesidad.

Busco siempre de la misma manera.

Creo poder tocar algo real afirmándolo, creo profundizar una sensación intentando conocerla más y mejor.

Pero para sentir la necesidad de una percepción nueva no puedo esperar algo positivo, sólo existe mi ignorancia.

Si experimento esa completa ignorancia, se produce una ruptura que me libera de las ataduras que me constriñen.

Se produce como una dilatación interior y mi atención ha franqueado el límite de las impresiones conocidas.

No hay escalera.

Hay que saltar.

Para tomar conciencia me es preciso dejar caer todo lo que es conocido.

El conocimiento es un estado en el cual todo es observado, experimentado, comprendido y abandonado como inutil, porque no puede servir para el momento siguiente.

Jeanne de salzmann




EL CENTRO DE NUESTRAS FUERZAS VITALES

EL CENTRO DE NUESTRAS FUERZAS VITALES
Por: jeanne de salzmann

¿Qué quiere decir despertar a mi mismo, a lo que yo soy?

Despertar a mí mismo, a lo que yo soy, querría decir encontrar el centro de gravedad de mis energías, y su fuente, la raíz de mi ser.

Siempre olvido mi origen y por eso todas mis nociones están distorsionadas.

La primera necesidad es ver que siempre pierdo contacto con esa fuente.

Si mi necesidad esencial no es reconocer y amar esa fuente por encima de todo, esto quiere decir que mi ego dirige mi vida y mis fuerzas, aunque no me de cuenta de ello y todas mis relaciones, cualesquiera que sean, y hasta eso que llamo mi trabajo, estan condicionados por sus apetitos.

Un trabajo justo sobre sí mismo, según Gurdjieff, comienza con la creación de un centro de gravedad permanente.

Esto caracteriza al ser que él llamaba hombre número 4, el hombre que se despierta a sí mismo y se pregunta “¿Quién soy yo?”.

Ve que no sabe que existe, ni cómo existe.

Ve que está viviendo en un sueño y siente la necesidad de conocer su propia realidad.

Comienza a separar las cosas en sí mismo: lo real de lo imaginario, lo consciente de lo automático.

A diferencia de los hombres número 1, 2 o 3, tiene cierto grado de lucidez, conoce su situación.

En él las fuerzas comienzan a tomar una dirección, la dirección del centro de gravedad de la atención.

Para él, conocerse a sí mismo ha llegado a ser lo más importante, el centro de gravedad de su pensar, de sus intereses; verse tal como es.

Su centro de gravedad es una pregunta, una pregunta que no lo deja dormir.

Para conocerse necesita recoger su atención hasta el punto de poder dividirla entre una Presencia que trata de mantener, y una manifestación en la que se pierde.

Esto requiere una vigilancia que sólo puede ser mantenida si todos los centros trabajan con la misma intensidad.

Necesita tener la sensación, pensar y sentir a la vez, sin que ninguno de sus centros predomine.

Si el equilibrio se rompe, el esfuerzo de toma de conciencia se detiene.

El hombre número 4 es el que lucha por establecer un vínculo entre su esencia y sus funciones.

Nuestra meta es estar centrados; centrados al mismo tiempo en el sentido de una concentración de nuestras energías y en el sentido de encontrar el centro de nuestro ser, el centro de nuestras fuerzas vitales.

Primero tenemos que concentrar la energía y luego ver que ese centro es necesario.

Desde allí, puedo mantener una relación justa con todas las partes de mí mismo y seguir todos los movimientos sin perderme en ellos.

Una vez que esté centrado me será posible un contacto, un contacto constantemente renovado con la fuente de mi vida.

No tengo que hacer este contacto.

Tengo que permitir que él me sea revelado, con una actitud que nunca está segura de sí misma, y que siempre deja un espacio que pueda ser ocupado por el ser interior.

Dejo un espacio cuando experimento el sentido de un vacío, de ocupar otro espacio.

Para que haya un “individuo”, tiene que haber una presencia a la fuente misma, al centro donde la fuerza aún no ha tomado una dirección, donde ella carece de forma.

Si pudiera llegar a ese plano donde mi atención se despierta antes de la movilización de mi energía, una nueva comprensión y un nuevo poder podrían tal vez aparecer.

Hoy no puedo.
        
Mi atención ordinaria, pasiva, sólo percibe mi energía cuando ella se desintegra, comprometida ya en una u otra reacción.

Pero ella ya está lejos de su fuente y no sirve de nada luchar para no perderla.

Sin embargo, puedo comprender esta situación y aceptarla como mi realidad actual.

jeanne de salzmann